29/08/18

La brecha digital en la educación global

Un satélite capaz de proporcionar un servicio de banda ancha jugará un “papel fundamental” al conectar a internet a millones de estudiantes en todo el mundo que aún no son parte de la era digital.

La educación en el siglo XXI avanza a pasos agigantados, y tanto la tecnología como la banda ancha hacen posible que cualquier persona pueda aprender casi cualquier cosa, desde cualquier lugar.

Sin embargo, por otro lado, aquellos sin conectividad se están quedando cada vez más rezagados, digitalmente hablando. Esa es una preocupación no solo para los estudiantes, sino también para economías y países enteros, porque para avanzar en la era digital se necesita contar con mano de obra, y población en general, educada y con conocimientos de Internet.

La banda ancha es la tecnología de más rápido crecimiento en la historia de la humanidad.

Hoy casi mil millones de personas en todo el mundo tienen conexiones de banda ancha con velocidades de 25 Mbps o más, pero hace quince años dichas velocidades eran casi desconocidas, al igual que muchas de las ventajas educativas que gracias a ellas están disponibles, tales como:

  • Aprendizaje a distancia
  • Video chat
  • Hablar con un maestro, experto o “visitar” el aula de un profesor desde cualquier lugar
  • Acceder a herramientas educativas que no están disponibles en áreas rezagadas

La banda ancha es tan importante que la Comisión de Banda Ancha para el Desarrollo Digital (entidad de la Organización de las Naciones Unidas) dice que podría ser la respuesta que tanto se ha buscado para brindar educación multidisciplinaria de alta calidad a personas de todo el mundo, especialmente a quienes más la necesitan. Por ello, la importancia de la banda ancha para el aprendizaje global no debe ser subestimada.

“La educación es uno de los usos más poderosos de la conectividad”, dice el Secretario General de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, Houlin Zhao. La UIT es el organismo especializado de las Naciones Unidas para las comunicaciones y la tecnología.

No obstante, mientras casi tres mil millones de personas tienen acceso a internet en todo el mundo, otros 3.5 mil millones no cuentan con este servicio. Y estar conectado no necesariamente significa tener acceso a banda ancha: solo una de cada tres personas con acceso a Internet tiene la conectividad de alta velocidad necesaria para aprovechar las más recientes tecnologías educativas.

El acceso garantizado a Internet es un problema claro incluso para países desarrollados como Irlanda, donde casi la mitad de los padres dicen que sus hijos no están alcanzando su potencial educativo debido a la falta de este servicio en las escuelas. En las naciones en desarrollo, como México, donde casi el 60% de la población tiene acceso a algún tipo de internet, solo el 12% de las escuelas tiene acceso a este. El panorama es mejor en Brasil, donde un tercio de todas las escuelas primarias y dos tercios de las secundarias tienen acceso a internet. Incluso Australia tiene mucho trabajo que hacer: su velocidad promedio de navegación es de solo 11 Mbps.

Esto es aún más preocupante para países menos desarrollados y aquellos que tienen conflictos armados, pues sus escuelas constantemente carecen de electricidad. Por ejemplo, se estima que el 78% de las escuelas en Filipinas no tienen internet, y mucho menos banda ancha. Ahí, la velocidad promedio de descarga es de solo 2.8 Mbps (en Estados Unidos, la velocidad está establecida en 25 Mbps por la Comisión Federal de Comunicaciones). En el África subsahariana, más de la mitad de los estudiantes de secundaria no conocen las computadoras. En Kenia, solo el 11% de los estudiantes tiene acceso a una computadora en la escuela. De hecho, menos del uno por ciento de los suscriptores de Internet en la región cuentan con banda ancha.

La disponibilidad de computadoras también es un problema: varios países subsaharianos tienen tan pocos, que más de 500 estudiantes deben compartir un solo dispositivo. Incluso en Sudáfrica, que es un país más desarrollado, la proporción promedio de estudiantes por computadora es de 75:1.

En muchas de estas áreas, la economía, el aislamiento, las políticas gubernamentales y la guerra hacen casi imposible que las escuelas tengan herramientas para obtener una ventaja digital. Los proveedores de banda ancha fija a menudo no pueden operar bajo estas condiciones, y lo encuentran financieramente insostenible, especialmente en áreas en conflicto y aquellas propensas a fenómenos naturales, donde un desastre puede acabar con una red completa: en Puerto Rico, el 95% de las torres de telefonía celular fueron derribadas después del huracán María, en septiembre de 2017. De hecho, la mayoría de las escuelas siguen sin ningún tipo de acceso a Internet. Hablando de todo el mundo, es posible que los proveedores terrestres de servicios de internet jamás lleguen a muchas áreas rurales.

La banda ancha por satélite puede conectar a regiones sin servicio alrededor del mundo.

Esta es la razón por la que un Internet con base en el espacio es tan crucial. El más reciente informe sobre banda ancha de la Unión Internacional de Telecomunicaciones de las Naciones Unidas concluye que el servicio satelital es vital para los países en desarrollo y para la educación en todo el mundo. “Los recientes avances tecnológicos y una expansión en su capacidad permitirán que las tecnologías con base en el espacio […] desempeñen un papel fundamental en la conexión de los otros 4 mil millones de personas que faltan y en el cumplimiento de sus Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

Proporcionar internet en casi todas partes es un objetivo importante para Viasat. Con ViaSat-1 y nuestro nuevo satélite ViaSat-2, así como con mayor capacidad y mayor cobertura, estamos avanzando en Estados Unidos, México, América Central y el Caribe. Cuando el primero de nuestros satélites ViaSat-3 se lance en 2020, permitirá aún más capacidad de cobertura en América del Norte, pero también cubrirá América del Sur. Los próximos dos satélites se lanzarán sobre Europa, África y Asia-Pacífico, brindando cobertura global y alcanzando potencialmente a millones de personas en áreas que ahora están completamente sin servicio.

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